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R.I.F.: J-30019589-9

Iglesia Evangélica del Salvador::Articulos

MILITANTES DE UNA IGLESIA VICTORIOSA

De todas las cosas que existen sobre la tierra, la iglesia de Jesucristo es lo más asombroso, han trascurrido veinte siglos y todavía es y seguirá siendo el bien más noble que haya podido conocer la humanidad. Muchos imperios, instituciones u organizaciones han aparecido con tanta fuerza en medio de todas las civilizaciones conocidas y han sido sepultadas por el progreso, por el avasallante desarrollo tecnológico y científico del hombre moderno; como plan de Dios, en medio de muchas tormentas, la iglesia ha perdurado y dejado huellas indelebles a su paso.
 
En un mundo de cosas novedosas, de cambios, de comunicaciones impresionantes la iglesia de Jesucristo sigue ejerciendo influencia en el pensamiento y la conducta de los hombres. Esta comunidad evangélica ha sido establecida para perdurar, imperios nacieron y murieron, algunos arremetieron contra ella. “Tronos y coronas pueden perecer, de Jesús la iglesia, firme habrá de ser”. Hoy, al inicio del tercer milenio, la iglesia tiene vida y se mantiene ocupada en la misión ordenada por Jesús.
 
Mateo 16:16-18 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
 
Mateo 28:16-20 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.  Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

NUESTRA VICTORIA IMPLICA QUE HEMOS RESUCITADO CON CRISTO

Colosenses 3:1-31 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
 
Cuando el creyente muere con Cristo, el poder del pecado y de la muerte es destruido. Cuando el creyente es resucitado con Cristo, se abre ante él una totalmente nueva orientación de pensamiento y de vida. Cristo es la cabeza de la iglesia, esto significa que como cuerpo que somos, nuestra mente es Cristo, la Escritura dice que “tenemos la mente de Cristo”. Si Cristo, la cabeza de la iglesia, ha resucitado; entonces, los miembros, también han resucitado. Donde está la cabeza allí tienen que estar todos los miembros del cuerpo.

 
Esta resurrección implica renovación del pensamiento. La vida toma el carácter de los pensamientos de las personas, las aspiraciones crecen con lo con las acciones y motivaciones de los ideales que las personas buscan. Un pensamiento más la acción es igual a resultados.
 
El término “buscar” era usado en el primer siglo para describir la búsqueda del hombre en la vida. “Ando en la búsqueda”, voy en pos de la vida, tratando de descubrirla. El Apóstol Pablo orienta hacia la verdadera búsqueda, el creyente no tiene otra vida más que la de Cristo. Por eso su mirada y pensamientos están fijos en el cielo, de donde espera su vida.
 
El término “poner la mira” era usado para describir la acción de una persona cuya total atención estaba fijada en algo. Todo miembro debe estar preocupado y constantemente ocupado en las “cosas de arriba”.
 
El termino “diestra del Padre” se relacionaba aquella visión de cuando los militares regresaban triunfantes de una batalla, durante la fiesta de celebración, se sentaban a la diestra del rey. El pensamiento de un discípulo de Cristo debe estar centrado en un Cristo exaltado y victorioso, que está sentado en una posición de honor y gloria: “a la diestra del Padre”.
 
Una persona no es lo que dice de sí sino lo que piensa. El pensamiento  del hombre impío contrasta con el del hombre de Dios.
Lucas 12:34 “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
 
Prov. 23:7. 7 Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo.
 
Proverbios 24:8-9 Al que piensa hacer el mal, Le llamarán hombre de malos pensamientos. El pensamiento del necio es pecado, Y abominación a los hombres el escarnecedor.
 
A Jesucristo pertenecen todas nuestras lealtades y energías, buscar hacia arriba es dar lo mejor a lo más sublime que uno conoce:* Cristo el Victorioso Señor*. El pensamiento del creyente está en el reino y esa actitud y sujeción influye en su carácter. Piensa y actúa sobre principios imperecederos, su relación con las personas está basada en principios bíblicos y no en una corriente política pasajera, efímera y engañosa. Los imperios y gobiernos del presente siglo pasarán para dar paso al verdadero reino de justicia que representamos y esperamos. El discípulo de Jesucristo piensa y actúa en la vida nueva que le ha sido dada.
 
Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

NUESTRA VICTORIA IMPLICA LEALTAD AL SEÑOR Y A LAS PERSONAS QUE AMAMOS

La lealtad depende de nuestra manera de pensar. El campo de batalla para la lealtad de los hombres está en sus mentes. El creyente es cuidadoso porque sabe que con su ejemplo y carácter estimula a contemplar. Los pensamientos se traducen en palabras y éstas llaman la atención de aquellos que viven en nuestro entorno: Familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo y de estudios. Nuestra conversación ayuda a los demás a vivir honestamente, más noblemente y lealmente a Cristo (1 Corintios 15:33-34).
 
El cristiano ayuda a otros a buscar las cosas de arriba con su comportamiento, con el modelo de vida que ofrece; pero este modelo de vida no será resultado de las apariencias sino de la conducta forjada por un pensamiento renovado. Este pensamiento se renueva cuando las vidas son consagradas solamente a Dios, consagración que consiste en el término de “sacrificio vivo”. Un sacrificio que está consciente de que transitará la ruta del dolor, la burla, el desprecio, esto y más, hasta llegar a la muerte. (Romanos 12:1-2) Nuestra manera de pensar define el estilo de vida que llevamos.
 
Juan 12:24-26 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
 
La mente del creyente está renovada y se mantiene en ese proceso para no perder de vista el más grande ideal en esta vida terrenal que Dios permite que vivamos: “hacer su voluntad”. Israel estuvo cuarenta años para que cambiara sus pensamientos, su manera de pensar, pero no cambió. Levantaron mucho polvo, hicieron mucho ruido, todos estaban ocupados, pero sus pensamientos eran los mismos. La vida de este pueblo fue un círculo. En ese camino de tanta actividad sintieron desprecio hacia las provisiones divinas, preferían los placeres de Egipto, sus pensamientos estaban en ese país de esclavitud. La manera de pensar les llevó a la misma muerte.
Término “escondidos”. Cuando la gente se refería a los muertos, hablaban de los escondidos en la tierra. Cuando Pablo emplea este término lo hace para mostrar las diferencias que Cristo produce en la vida humana.

NUESTRA VICTORIA IMPLICA QUE LA VIDA ESTÁ ESCONDIDA EN CRISTO.

La muerte en los que no conocen a Cristo produce una experiencia triste y sin esperanza en relación con los que están escondidos en la tierra. El bienestar espiritual del creyente no corre peligro, la vida nueva que se nos concede en Cristo, no solo es de segura victoria sobre el pecado, sino que está absolutamente protegida y asegurada.
 
1 Pedro 1:3-5 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
 
“Cristo vuestra vida” es la consigna y grito de lealtad de cada creyente. Comprender que Cristo es la vida de uno es la auténtica meta de la experiencia cristiana.
 
Juan 11:25-26 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
 
¿Quién puede creer esto? Solamente aquellos a quienes el Señor ha querido revelárselo. Si usted lo ha creído, entonces es una persona bienaventurada, preparada para la lealtad, para vivir ayudando a otros, para vivir al servicio del reino abriendo sus puertas a las familias que Dios ama y desea salvar.
 
Mateo 16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
 
Oro para que Dios guarde tu vida y ponga en ti mucha gracia para que sigas siendo una persona de bien en medio de la gente donde cumples tu ministerio.
“Con la bendición de los justos se construye una ciudad, pero las palabras de los malvados la destruyen.” Proverbios 11:1
 
Te recuerdo que aquí siempre tienes un amigo
 
Hageo Herrera
Pastor de la Iglesia Bíblica Metropolitana
02812656564 – 1875844 – 04124842848
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