Te deseo mucha Paz!
Recibe un saludo lleno de mucho afecto y una oración al Altísimo para que inunde tu vida y tu hogar de paz verdadera. Agradezco a Dios la oportunidad que tengo de acercarme a ti a través de este medio. Espero que tengas tiempo para leer lo que deseo comunicarte en procura de tu bienestar personal y familiar.
La mejor almohada que podemos utilizar para un dulce sueño es una conciencia tranquila y en paz con Dios. El salmista David expresó: “Yo me acuesto tranquilo y me duermo enseguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado.” Jesús afirmó: “Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni
tengan miedo.” Juan 14:27. Cuando una persona ama tiene alegría, no se sumerge en el desasosiego y la intranquilidad, tiene diariamente la oportunidad de dormir confiado.
El que conoce a Dios puede amar y por lo tanto es un pacificador, es una persona serena porque tiene la marca de la paz, un carácter que disfruta e irradia. Es una persona que puede controlar tormentas con sus palabras, con su presencia, con sus consejos y con su serenidad. Es deseado en su familia, en todas partes por el carácter y vale por lo que realmente es. A las personas pacificadoras Jesús las llama dichosas, bienaventuradas e hijos del Altísimo. El que tiene paz es un pacificador, es como un gran puente que ayuda a otros a cruzar el abismo de la preocupación, de la rivalidad, del odio y de toda tiniebla. A través de ellos las familias se reconcilian, los amigos son más amigos y los hermanos más hermanos. Es muy triste encontrar a líderes de familias que son protagonistas de divisiones, dispensadores de conflictos, exhibidores de rencores y vitrinas de odios. Las
personas que tienen esa tendencia paulatinamente van quedando solas; pues, quien no refleje el carácter de Cristo no califica para conducir a otros como Dios ordena.
Las personas exitosas son pacificadoras en la iglesia, en la familia, en el barrio, en el equipo, en todo tiempo y en todo lugar. Cree en la Palabra de Dios, confía en las promesas del Señor y se mantiene firme ante cualquier embate del enemigo. Su felicidad consiste en guardar y tener la palabra de Dios como el norte de su vida, por esa razón
vivirá por senderos de paz (Salmo 119:165; Proverbios 3:1-5,17).
Un anunciador del evangelio tiene la paz de Jesús, su paz diferente a la que el mundo ofrece. Lo que mundo ofrece es pura fantasía, una paz efímera, una alegría momentánea, pero con un precio de amargura que finalmente conduce al infierno. La paz es el fruto del Espíritu Santo que trasciende a la paz que el mundo ofrece, la cual es efímera, superficial, aparente y compatible con la injusticia. Los impíos, los que no temen al Señor, hacen lo imposible, incluyendo la injusticia, para obtener su aparente paz. Algunos, en búsqueda de la paz acuden a los altares de la oscuridad, consultan brujos, astrólogos y toda clase de profetas esotéricos; caminos que alejan de la verdadera paz al ser humano.
La paz del Espíritu es sobre todo reconciliación con Dios y entre los hombres. El reino de Dios pertenece a las personas que tienen la marca inconfundible de la paz, que rechazan los escrúpulos que quitan la paz. Los pacificadores están íntimamente unidos a Jesús, lo cual implica:
ES SERENIDAD DE LA MENTE: “Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.” Filipenses
4:7.
ES TRANQUILIDAD DEL ALMA: “Les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo”.Juan14:27.
ES SENCILLEZ DEL CORAZÓN: “Pero los humildes heredarán la tierra y disfrutarán de completa paz”.Salmo37:11.
ES VÍNCULO DE AMOR: “Cristo es nuestra paz. Él hizo de judíos y de no judíos un solo pueblo, destruyó el muro que los separaba y anuló en su propio cuerpo la enemistad que existía.” Efesios 2:14.
ES UNIÓN DE CARIDAD: “Llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito. No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien
de los otros.“Filipenses2:2-4.
“Con la bendición de los justos se construye una ciudad, pero las palabras de los malvados la destruyen.” Proverbios 11:1
Te recuerdo que aquí siempre tienes un amigo
Hageo Herrera
Pastor de la Iglesia Bíblica Metropolitana
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LECHERIA – VENEZUELA