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R.I.F.: J-30019589-9

Iglesia Evangélica del Salvador::Articulos

UN DISCÍPULO DE ESPÍRITU CONSAGRADO

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro señor Jesucristo”. 1 Tesalonicenses 5:17
 
La vida presenta un caudal de oportunidades para que el individuo realice los sueños de su corazón. Dios tiene un excelente plan de abundancia y de paz para cada persona, ese plan está sustentado en su maravilloso amor demostrado en la entrega de lo más valioso que poseía: SU AMADO HIJO. En ese, su hijo, nos ha dado todas las cosas suficientes para ser eternamente felices. Cuando imperaban las tinieblas apareció la maravillosa luz del mundo para que ya no habitemos más en tinieblas.
 
El anciano Zacarías profetizó acerca del ministerio de Juan el Bautista: “Y tú, niño, profeta del altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto, para dar luz a los que habitaban en tinieblas y en sombras de muerte; para encaminar nuestros pies por el camino de paz” (Lucas 1:76-79)
 
En el mundo ha imperado un reino de tinieblas, actualmente, y con mayor intensidad, el dios de este siglo, Satanás,  trabaja esclavizando y cegando el entendimiento de las personas para mantenerlas en el lodo cenagoso de la muerte y de la destrucción C2 Cor.4:4).
 
El hombre está continuo y diariamente desenvolviéndose en medio de la escasez, del desempleo, de la corrupción, de una creciente depresión, en un normal consumo de drogas oficiales y clandestinas, del desorden sexual, de la infidelidad conyugal, de un desordenado apetito de ganancias y de negocios dudosos.
 
La vida del hombre se trata de una vida entre la espada y la pared, acorralada. Cada cual busca sus debidas soluciones y al final descubre que está más confundido, más empobrecido, más solitario, más angustiado y, además de otras cosas, perdido y sin paz interior. El suicidio, las drogas, el manicomio, el hospital, el cementerio y finalmente el infierno, son las estaciones donde se detiene la loca máquina que lleva a las personas cautivas por el dios de este siglo. Cuando Dios está ausente de la vida de un hombre, ese hombre está muerto:

EL ESPÍRITU MUERTO DEBE SER VIVIFICADO

El espíritu es el blanco de la comunión con Dios, es el lugar de la personalidad humana donde Dios  desea ubicarse, es lo que Dios sopló en aquella vasija de barro en el huerto del Edén, en el hombre de más adentro, como lo llama T.S. Nee, allí es donde ocurre el milagro  que Dios opera con su Santo Espíritu, es donde se reconoce la difícil y mortal situación de la condición humana, es donde se hace eficaz el lavamiento y el perdón de los pecados y se experimenta el gozo de una vida perdonada.
 
El hombre, en su condición pecaminosa, no puede entender el plan de salvación que Dios tiene para su vida, no lo puede entender porque su espíritu, el trono de Dios, ha sido usurpado por el diablo engañador. Cuando una persona dice: “Lo que a mí gusta”, “lo que yo deseo”, “lo que a mí me agrada”, refleja lo que se determina en su espíritu, no es él mismo, es el dios de este siglo que le tiene cegado. El ladrón ha venido para matar, para destruir, para estorbar la obra de Dios e impedir que la luz del evangelio resplandezca en los corazones.  “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:4.
 
El hombre de espíritu renovado dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. El control de esa vida lo tiene Dios, no tiene elección su suerte está decidida, aunque todo venga en su contra, vive solo para agradar a Dios porque hay una estrecha y muy firme relación en la profundidad de su vida con el creador.
 
El hombre de espíritu infiel vive solo para defender su pellejo; pero el hombre sabio, el de espíritu consagrado no teme a los que matan al cuerpo y no pueden dañar el alma; sino que temen a aquel que si puede destruir el alma y el cuerpo enviándolo al infierno.

EL ESPÍRITU NECESITA LIMPIEZA Y REVELACIÓN DE DIOS

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Rom.8: 16) “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. (1 Cor.2: 11)  Si el espíritu del hombre está separado del Espíritu de Dios, lo que existe es una conciencia muerta.
 
Solamente los de limpio corazón pueden ver a Dios (conocerle, comunión, contemplarle, deleitarse en su presencia), el Apóstol Pablo ordena: “…limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. (2 Cor.7: 1)  
El profeta Isaías contempla al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, con preciosos atavíos, rodeado de serafines que decían: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de tu gloria; lo único que pudo entender aquel profeta es que estaba muerto. Lo reconoció, lo confesó y tomó la postura correcta: Se humilló. Un ángel voló hacia él, con el fuego divino purificador que tocó sus labios, quitó su culpa y limpió su pecado. El hombre que tiene un espíritu limpio solo teme a Dios y esa actitud temerosa le hace vivir sabiamente, su vida se mantiene en una auténtica prosperidad.

DEL ESPÍRITU PURIFICADO FLUYE LA AUTÉNTICA ADORACIÓN

Después de aquella experiencia Isaías disfruto de una auténtica adoración a Dios, se unió al coro de los serafines, canta con los ángeles desde lo profundo de su ser, sin estorbos en su conciencia. “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; porque también tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y verdad es necesario que le adoren”. (Juan 5:23-24) Del altar donde está el Señor, del fuego vivo de su presencia, el ángel tomará la braza ardiente para tocar tus labios, tu espíritu, tu mente y hará la limpieza requerida para que fluya la autentica adoración.

DEL ESPÍRITU ADORADOR FLUYE EL AUTÉNTICO SERVICIO AL SEÑOR

Isaías podía oír la voz del Señor: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” Un espíritu limpio y temeroso de Dios implica una transparente hoja de servicio, no hay nada que ocultar porque todo proviene de adentro, de donde  el   Espíritu  de Dios  se  encuentra con el el espíritu del hombre, donde Dios es testigo de todos los actos limpios y sinceros de un individuo. “Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”. Sólo yo responderé delante de Dios por lo que Él me está demandando en este momento, no tengo que mirar para los lados, debo mirar hacia adentro, poner los ojos en mi responsabilidad. Si hay temor, hay sabiduría, en la presencia del Señor no hay equivocación.  “Porque Dios me es testigo, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo”. (Rom.1: 4,9)

EL ESPÍRITU ANIMA AL CUERPO

El cuerpo no resistirá el dolor si el espíritu está apagado, si sólo hay tinieblas en la espiritualidad de adentro, no habrá fuerzas para combatir con éxito en esta guerra espiritual, nuestra lucha no es contra carne y sangre, es con un género que solo se puede detectar cuando hay luz en la intimidad del espíritu. No hay ejercicios mentales, trascendentales, sicológicos, humanistas, religiosos, militares, políticos, sociales que puedan dar victoria ante la mortal batalla que ha desatado Satanás y sus ejércitos, contra la iglesia y toda creación divina. “Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda… Y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi  corazón… Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mí espíritu”. Salmo142: 3; 143:4 y 7) “El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón el espíritu se abate”. (Prov.15: 13) “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Prov.17: 22) “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿Quién soportará el ánimo angustiado? (Prov.1814)
 
Muerto su cuerpo, el hombre vive solo para decorar con mortajas y otros ornamentos fúnebres que ofrece este moderno mundo. Quien vive para el cuerpo vive para una mortal pesadilla que finalmente se hace realidad en el sufrimiento eterno de la muerte. Cuando el hombre despierta, despierta para sufrir, ya no hay oportunidad de salvación, es demasiado tarde. La Biblia dice: “El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más”. (Salmo 103:15) El espíritu mantiene al cuerpo con vida. “Porque el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obra es muerta”. (Santg. 2:26)

CONCLUSIÓN

LA FORTALEZA  DE UN HOMBRE ESTÁ EN EL CONTROL DE SU ESPÍRITU. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”. (Prov.16: 32) “Como una ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda”. (Prov.25: 28)
 
LÁMPARA DE DIOS ES EL ESPÍRITU DEL HOMBRE. “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón”. (Prov.20: 27) “La luz de los justos se alegrará; mas se apagará la lámpara de los impíos”. (Prov. 13:9) “Porque para el malo no habrá buen fin, y la lámpara de los impíos será apagada”. (Prov.24: 20) Rinde todo tu ser al Señor, deja que él inunde tu espíritu con su presencia. Déjale tomar el timón de tu débil embarcación, navega seguro con el mejor capitán.